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La caza de palomas silvestres en Cuba. Crónica de una hambruna anunciada

22 de octubre de 2026

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uchos son los métodos poco ortodoxos usados por los 

cubanos, para sobrevivir a la crisis que afecta la isla. Desde la cocción de alimentos con madera de ventanas o muebles hasta la racionalización extrema de la comida para alimentar una familia. Cada uno varía en cuanto al medio, pero no su finalidad: sobrevivir. Y es justo con esa intención que no pocos cubanos rescatan del olvido viejas técnicas que solo aplicaban a la vida nómada de peregrinos sin techo ni comida, pero, que hoy, en plenas urbes de la isla se aplican para llevar algo de comer a la mesa.

 

La palabra que nombra este nuevo fenómeno devenido de la crisis alimentaria es la caza, y no cualquier tipo de caza sino la que se realiza con trampas artesanales denominadas “cimbras” o “caravanas” para capturar palomas silvestres o cualquiera otra ave cuya carne sea medianamente comestible. Esta práctica pareciera normal si quienes la practican fueran cazadores tradicionales de un intrincado pueblo de la serranía nacional, no obstante la realidad dista mucho de esa idea.

En la Cuba de hoy, un licenciado, un jubilado con años de experiencia, o hasta un maestro cuyo salario no alcanza para un pomo de aceite, se convierten en practicantes amateurs de una labor para la que jamás se prepararon.

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“Inevitablemente terminé haciendo esto porque no tenía nada que comer” afirma Arquímedes desde su hogar en la ciudad de Guantánamo, un jubilado de 71 años que trabajó toda su vida para el sector estatal.”

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“Yo cobro una pensión de 5000 pesos cubanos y eso no me alcanza para nada, con eso no puedes comprar arroz casi y mucho menos azúcar o carne”. Una cuestión de supervivencia nutricional, es un buen trasfondo para describir los porqués de consumir esta carne por mínima que sea, así lo resalta este cubano.”

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“…mi hija me manda de vez en cuando un picadillo para comer, pero ella tiene demasiados problemas, yo vivo solo, no puedo depender de nadie mientras la fuerza me alcance ¿tú me entiendes? Por eso me dije, fulano, tú vas a tener que cazar si quieres comer carne, así sea una sopa y bueno, mírame”

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Si se resume a términos poco académicos bastaría mencionar que es solo una trampa de palos, algo de alambre con un cebo y un hilo. Si se interioriza con algo más de profundidad lo primero que resalta es que este hecho no es nuevo, pero eso sí, ha adquirido proporciones alarmantes en la crisis actual. Lo que en el Periodo Especial de los años 90 fue una práctica de supervivencia en zonas rurales, vuelve a resurgir como versión remasterizada de la supervivencia cubana.

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Volviendo a los detalles de la técnica, también resalta su sencillez y bajo coste. Una “cimbra” o “caravana” se compone de palos colocados interpuestos en forma piramidal. Se deja una abertura entre la jaula y el suelo para que entre la “víctima” y se coloca un cebo que varía en dependencia del nivel adquisitivito del cazador, por lo que, desde pan integral hasta arroz picado, sirven “la cuestión es que atraiga a las palomas”. Una vez hecho esto se coloca en azoteas, balcones o patios, y el cazador espera, a veces desde la ventana de su propia casa, a que el ave caiga en la trampa.

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“Con dos o tres palomas se puede hacer una sopita muy buena” culmina Arquímedes.

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¿Qué llevó al pueblo cubano a rescatar del escaparate métodos de subsistencia tan viejos como la raza humana? Basta con escuchar una conversación cotidiana de 5 min, en una parada de bus de la isla. El sistema de racionamiento, otrora colchón social, colapsó hace años y ahora supuestamente queda destinado a “casos vulnerables”. La inflación descontrolada ha pulverizado el poder adquisitivo de todos los trabajadores y la pensión mínima de muchos jubilados “no alcanza para comprar un cartón de 30 huevos. 7 de cada 10 cubanos ha dejado de desayunar, almorzar o cenar por falta de dinero o alimentos; entre los mayores de 61 años, la cifra asciende a 8 de cada 10.

Ante este panorama, la caza de palomas para muchas personas dejó de ser una actividad más para convertirse en un imperativo. Por si fuera poco, en el plano sanitario, los riesgos de esta práctica son considerables. Los especialistas advierten que estar en contacto con excrementos de palomas puede transmitir enfermedades como la criptococosis, conocida popularmente como “enfermedad de las palomas”. El consumo de estas aves, sin control sanitario alguno, expone a las familias a infecciones y toxinas cuya mortalidad se camufla en la desesperación por comer algo.

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En este sentido la captura de estas aves se suma la lista de otras especies objetivos de la caza furtiva en Cuba. Ya documentadas por Food Monitor Program, se incluye la persecución a especies protegidas como la iguana, el pitirre o la pesca con químicos tóxicos. En una suerte de degradación de los valores de la sociedad cubana, se impone el hambre tras décadas de un control estatal que sofocó la producción privada de alimentos.

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La caza de palomas con trampas artesanales en Cuba muta de ser un retorno a prácticas ancestrales para convertirse en un fenómeno que empuja las normas sociales a límites impensados. En medio del colapso alimentario del pueblo cubano y tras décadas de políticas económicas fallidas, el resultado se manifiesta entre tantas otras cosas, en cubanos que se ven obligados a tender trampas para llevar algo a la mesa y los damnificados, de momento, vienen en versión alada

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