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ENTREVISTA

En el almacen trocamos, pan por arroz y así

Yosnaide trabaja como funcionaria en La Habana, tiene 23 años

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¿Qué come normalmente en un día de trabajo y qué horarios tiene para ello?​

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En el trabajo, no tenemos comedor obrero, eso es mentira, solo hay para los directivos. Los de comercio nos turnamos para resolver. Normalmente como algo a eso de las 12 del día, si hay que comer. Pero no es un almuerzo como Dios manda. Lo más frecuente es que me lleve de la casa un poquito de arroz y frijoles fríos, o un pedazo de pan con algo de aceite y sal. Si ese día llegó mercancía al depósito y pude apartar un poquito, quizás le echo una lata de carne o un huevo que me da una amiga.

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A veces, como a media mañana, tomo otro café bien cargado para aguantar hasta la tarde, porque si como mucho al mediodía, luego me da sueño y no puedo seguir trabajando. A las 4 o 5 de la tarde, antes de salir, me como lo que quedó del arroz si no está pasado. Comprar en la calle no puedo porque no me alcanza, y la calle está más cara que el pecado.

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¿Cuánto cuesta hoy almorzar fuera de casa y qué parte del salario se va en eso?

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¿Almorzar fuera de casa? Eso es para los médicos o los ingenieros, no para nosotras. Si te digo la verdad, un plato de comida en una casa particular o en un puesto callejero no baja de 500 o 900 pesos, y si le pones un poquito de carne, pasa los mil. Una pizza mala vale 300 pesos. Un sandwichito de jamón, 250. Con mi salario de 3550 pesos, almorzar fuera un solo día ya es casi dos tercios de lo que gano a la quincena. Imagínate, si gastara mil pesos en un almuerzo, me quedo con 2550 para el resto del mes, y eso no paga ni el aceite ni el jabón.

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Por eso nadie del almacén almuerza fuera. Los que no traen de casa, simplemente no comen, o se parten un pan con un poco de azúcar y ya. Yo he visto compañeras que pasan el turno entero solo con café, y después se marean. La mitad de mi salario se me va en la compra de los ingredientes básicos para traerme algo de casa, y la otra mitad se va en los gastos de la casa, en medicinas o en pagar deudas con los que me fían la comida. Nada sobra para lujos como comer fuera.

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¿Se siente satisfecho con lo que consume durante su jornada laboral? De no ser así, ¿qué afectaciones le ha traído alimentarse mal durante su esfuerzo laboral? ¿Qué significa para usted tener que trabajar sin poder garantizar esa alimentación?

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Satisfecha, dice. No, mijo, yo estoy todo el tiempo con hambre, eso no es vida. Las afectaciones son físicas y mentales: me duele la cabeza casi siempre, me dan mareos en pleno trabajo y a veces veo doble cuando cuento el inventario y debo empezar de nuevo. Me tiemblan las manos, y no es de nervios, es de debilidad. Me duele el estómago a cada rato, también.

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Para mí, esto significa una muerte en vida; es una sensación mala que no sé cómo explicar bien; una se deprime y más si tienes niños. Además, es injusto que el almuerzo y desayuno sea solo para los jefes y nosotros que de verdad estamos en la caliente estemos con la boca cuadrada.

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En caso de depender únicamente del esfuerzo propio, ¿qué estrategias usa para garantizar con qué alimentarse?

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Dependo únicamente de mí, no tengo a nadie que me mantenga. Mis estrategias son como yo digo, de hormiga: ahorrar y llevar comida desde la casa. También dependo de los productos que se caen del inventario: un paquete de galletas vencidas, un poco de puré de tomate que nadie va a reclamar. Doy salida al arroz de los almuerzos cuando no vienen los jefes y así me quedo con la ración que les tocaba a ellos en el día. También en el trabajo, como es un almacén, todo es cambio, trueque. Si me resuelven pan, yo le doy arroz. No hay plata, no hay tarjeta, no hay comedor.

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Si pudiera cambiar algo para que los trabajadores pudieran alimentarse mejor durante la jornada, ¿qué sería?

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Lo primero que cambiaría es la distribución de la comida dentro del propio trabajo. No es posible que los jefes y los directivos tengan comedor con arroz, carne y ensalada, mientras a los que cargamos las cajas ni un plato de sopa caliente nos dan. Yo establecería por ley que todo centro laboral, sea bodega, fábrica u oficina, tenga un comedor obrero decente, con comida caliente y suficiente para todos los turnos.

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También cambiaría el sistema de pago: si el salario mínimo fuera diez mil pesos, podríamos comprar los ingredientes básicos sin tener que mendigar o robar. Pero como eso no va a pasar, al menos exigiría que el Estado nos diera una comida completa durante la jornada, descontándonos un precio simbólico, pero no los 500 pesos que cuesta un plato hoy, que es un abuso a los trabajadores.

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