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La crisis económica, la escasez de combustibles, problemas en las cadenas de suministro y la reducción de la disponibilidad de alimentos frescos han presionado la seguridad alimentaria de muchas familias. Taymí Valverde lo vive a diario desde octubre de 2025, cuando su hija Daniela, de 9 años, fue diagnosticada con diabetes tipo 1 tras padecer el virus del chikungunya:​

 

La reacción inmunológica fue tan fuerte que le afectó el páncreas, cuenta Taymí. Estuvimos una semana en terapia intensiva y, desde que nos dijeron lo que era, la vida nos cambió por completo. Yo sabía lo que significaba esa enfermedad, porque mi abuela era diabética. Puede afectar varios órganos y hasta la visión, y necesita disciplina con la glucemia, la dieta y una vida sin estrés.​​​

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Para esta madre soltera de 37 años, el impacto no fue solo emocional. Con el propósito de responder a las necesidades alimentarias especiales de su hija y costear la compra de insumos médicos en el mercado informal, tuvo que buscar varios trabajos extras, además del que ya tenía antes del diagnóstico.

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La preocupación más grande es la escasez de biosensores. En la farmacia no hay, pero en la calle abundan a precios entre 10 mil y 15 mil pesos la caja de los fabricados en Cuba. Gracias a la caridad de hermanos de la iglesia recibí un glucómetro y biosensores desde Canadá, refiere la madre bayamesa.

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Los primeros meses fueron difíciles. El desvelo en la madrugada; la insulina antes de dormir, esa es muy peligrosa, porque una hipoglucemia puede llevar del sueño a la muerte,

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Hace años que no le entregan tirillas ni biosensores para medir la glucemia, salvo algunas pocas unidades en diciembre.

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Aunque a veces no sepamos la medida exacta, con el tiempo hemos aprendido a reconocer clínicamente cuándo se siente mal y cómo tratarla. Lo que nunca puede faltar es la insulina.

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Además del tratamiento con insulina, los niños diabéticos deben seguir una dieta equilibrada que les ayude a controlar su enfermedad. Aunque no existe una dieta especial para los niños diabéticos, sus comidas deben ser regulares, variadas y equilibradas. En Cuba, lograr esa estabilidad es un gran desafío actualmente.

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Los niños necesitan de una alimentación balanceada y variada. El hecho de que tenga diabetes no significa que necesitará diferentes nutrientes, sus necesidades de crecimiento y alimentación son las mismas que las de un niño que no vive con diabetes tipo 1. Mi hija sigue siendo niña y tenemos que asegurar una alimentación sana para garantizar su desarrollo.

La diabetes es una condición costosa, por el precio de las frutas, los vegetales, las carnes, etc, en medio de la exigencia de una disciplina nutricional que no se corresponde con los salarios del permanente contexto inflacionario del país.

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A pesar de las condiciones actuales que se viven en Cuba, la diabetes no le impide a Daniela hacer las cosas que le gustan. Si bien tiene que inyectarse y estar pendiente de lo que come, Daniela es una niña muy activa. Le encanta jugar, andar en bicicleta, leer y estar con sus amigos.

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Las personas que padecen diabetes, como Daniela, tienen que prestar mucha más atención que el resto de la gente a su salud y a lo que comen. También tienen que medir su nivel de azúcar en sangre muchas veces e inyectarse insulina. Es mucha responsabilidad, y la escasez de jeringuillas y biosensores no hace la tarea nada fácil.

Aunque Cuba conserva cierta cultura del cuidado y la atención, en particular en las ciudades, de su sistema de salud y programas materno‑infantiles, la situación económica y de suministro ha generado mayores retos para garantizar dietas adecuadas en niños diabéticos como Daniela, quienes hace mucho tiempo no reciben nada y su acceso se ve limitado a lo que puedan conseguirse de manera particular.

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Y es que por mucho que los doctores de la atención primaria quieran y tengan los conocimientos para apoyar los pacientes, si no hay recursos, esto se convierte en un espacio de consejos y pañuelo de lágrimas para ahogar las penas.

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 La combinación de medidas inmediatas (suplementación, refuerzo de comedores, apoyo a familias) y soluciones estructurales (producción local, protección social) es necesaria para evitar daños duraderos en el crecimiento y la salud de las nuevas generaciones.

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Daniela y su madre esperan que los problemas en Cuba encuentren soluciones de más temprano que tarde y que en un futuro cercano todos los niños diabéticos del país puedan tener una calidad de vida mejor para ellos y sus familias.

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Pero dichas soluciones, en el contexto de crisis cubano, pareciera que tardarían una eternidad en llegar. Mientras las autoridades del país llaman a la resistencia hasta el final para defender una supuesta utopía ideológica, en la realidad los niños con diabetes al igual que cualquier otro sector vulnerable de la población no pueden esperar tanto tiempo.

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Testimonio No. 44

Diabetes en la infancia cubana, relato de una madre bayamesa

La situación de la alimentación de los niños en Cuba es compleja y está marcada por tensiones entre logros sanitarios históricos y las dificultades económicas y logísticas de los últimos años.

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