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TESTIMONIO

Mariano y la escasez de agua

La escasez de agua en Cuba ya pasó de ser solamente un problema de infraestructura para convertirse en una experiencia cotidiana de vulnerabilidad, especialmente entre los adultos mayores. En el espacio doméstico, donde se espera que se garantice el mínimo de dignidad material, la ausencia prolongada de agua transforma la vivienda en un entorno precario, donde las funciones básicas —higiene, alimentación, limpieza— dependen de soluciones improvisadas y redes informales de apoyo. En barrios enteros, el acceso al agua no está determinado por la red pública, sino por la capacidad individual de resolver: tener un tanque, pagar una pipa o establecer conexiones irregulares (“ladrón”).

Para los adultos mayores que viven de una pensión limitada, estas alternativas son, en la mayoría de los casos, inaccesibles. La imposibilidad de adquirir y almacenar agua no solo condiciona la vida material, sino que impacta directamente en la percepción de dignidad personal. La higiene se vuelve un lujo intermitente y el acto de recibir visitas y socializar, una fuente de vergüenza ante la imposibilidad de mantener el hogar en óptimas condiciones. En este sentido, la escasez de agua se vuelve una forma de desgaste cotidiano que erosiona la autonomía y el bienestar emocional.

Las soluciones comunitarias emergentes, como la construcción de pozos compartidos, evidencian tanto la capacidad de resiliencia como los riesgos asociados a la precariedad. Estas soluciones parciales, en algunos casos, introducen nuevas vulnerabilidades, como la exposición a fuentes de agua potencialmente contaminadas y la dependencia de la electricidad para su uso. Así, la vida doméstica queda atravesada por una cadena de eventos variables: vecinos, clima, corriente eléctrica, horarios colegiados y recursos mínimos disponibles para almacenamiento.

El testimonio de Dennis, adulto mayor residente en una comunidad con problemas crónicos y prolongados de abasto, corrobora la precariedad de la situación y pone énfasis en el empeoramiento de la calidad de vida que sufren los afectados.

Mariano: “Yo hace más de dos años que no tengo agua aquí en la casa. ¿Para qué decirte otra cosa? Lo que es agua directamente aquí, yo no tengo. Las tuberías de adentro están secas desde hace mucho tiempo. Aquí se han puesto denuncias, se han hecho quejas, se ha hablado con todo el mundo… y nadie, absolutamente nadie, ha venido a preocuparse por esta situación.

Yo he tenido que bañarme con un pomo de agua de cinco litros que me da la vecina a veces. Con eso tengo que resolver: calentarla un poquito cuando hace frío y bañarme como pueda. Y muchas veces me he quedado sin bañarme, porque sencillamente no hay agua.

Aquí no se puede pagar una pipa, porque están muy caras para lo que uno gana. Yo vivo de mi pensión, que son poco más de 4.000 pesos, y con eso no alcanza para pagar ese tipo de servicio. En esta zona de la ciudad el agua prácticamente no llega. Cuando llega, la coge nada más el que tiene ‘ladrón’. El que no tiene cómo conectarse así, pues no puede coger el agua.

A veces, cuando traen una pipa para el barrio entero, se pueden llenar unos cubos. El que tiene tanque echa un poco de agua para que le dure meses. Aquí el que tiene un tanque tiene que hacer que esa agua le dure meses, pero los que no tenemos tanque tenemos que vivir de lo que te da otra gente o de los cubos. Y con un cubo tienes que hacerlo todo: cocinar, bañarte, limpiar, descargar el baño. Con un cubo tienes que hacerlo todo.

¿Desde cuándo no se limpia una casa como se debe? ¿Cuánta agua lleva limpiar una casa? Con un cubo no alcanza. A mí me da pena que a veces el baño no se puede ni descargar y viene una visita, pero es porque no hay agua. Yo no me puedo comprar un tanque ni subir un tanque. Entonces, la verdad es que lo que se está pasando es mucho.

Ahora, entre varios vecinos se habló con la gente que estaban haciendo un pozo. Se les pagó algo, lo que se pudo, porque un pozo completo cuesta alrededor de 80.000 pesos, algo imposible para nosotros. Entonces se hizo un pozo aquí mismo en la calle, en la acera, para que todo el mundo pueda coger agua.

Pero eso también tiene sus problemas. El pozo no es para una sola casa, es compartido, y queda abierto. Ahí hay riesgo de contaminación: cuando llueve, con la suciedad de la calle, con los animales que pasan. El agua no es segura.

Para sacar el agua hay que poner una turbina y hacerlo manualmente, como tú la ves: primero hay que sacar el agua que está contaminada, porque esa primera no sirve. Después, poco a poco, ir llenando cubos, tanques, lo que uno tenga en la casa. Es un trabajo diario, pesado.

Y eso es nada más cuando hay luz, porque cuando no hay electricidad no se puede usar la bomba. Entonces uno depende también de la corriente. Si no hay corriente, no hay agua. Cuando llega la corriente todo el mundo quiere sacar agua y hay que turnarse porque la vecina de aquí que tiene un tanque grande se demora como una hora en llenarlo porque está en alto, entonces empiezan los problemas entre vecinos; es que la misma situación te lo pone difícil te hace que tengas que buscarte problema porque todo el mundo quiere y todo el mundo necesita resolver su problema.

Lo otro es que no te da tiempo ni siquiera de hacer hielo para tomar agua fría. El agua que tienes que tomar es esta misma, hervida. Entonces no te puedes bañar, no puedes tomar agua con tranquilidad, no puedes limpiar la casa. No puedes hacer nada, porque el agua sí es lo más importante. Todavía sin luz se puede vivir, pero sin agua… sin agua nadie vive.”

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