Nota de prensa N° 53- Food Monitor Program
El aceite vegetal se convierte en un bien de lujo en Cuba: escasez, colapso productivo y riesgos para la salud
La Habana, 26 de agosto de 2026
El aceite vegetal, uno de los ingredientes más elementales de la cocina cubana, se ha convertido durante el verano de 2026 en otro marcador de desigualdad, precariedad alimentaria y pérdida del poder adquisitivo. El monitoreo de precios y testimonios realizado por Food Monitor Program (FMP) registra que una botella sellada de 900 mililitros, comercializada durante buena parte de 2025 entre 700 y 1 500 pesos cubanos (CUP), ha llegado a venderse en las últimas semanas entre 5 000 y 8 000 CUP, especialmente en el mercado informal y en localidades alejadas de los principales centros urbanos.
El extremo superior de ese rango equivale a casi cuatro salarios mínimos mensuales. El salario mínimo oficial continúa fijado en 3 210 CUP, por lo que comprar una sola botella a 5 000 CUP representa el 156 % de ese ingreso; a 8 000 CUP, el 249 %, es decir, casi 2 salarios y medio. Para trabajadores estatales con bajas remuneraciones, personas pensionadas y hogares sin acceso estable a remesas, el problema ya no consiste en ahorrar o buscar alternativas, sino en prescindir de una fuente cotidiana de energía alimentaria que no siempre puede sustituirse.
El encarecimiento también alcanza a los comercios digitales que venden desde el exterior y cobran en divisas. El seguimiento de FMP a plataformas como Supermarket23, Katapulk, Alawao, Brincoexpress y Superexitus muestra aumentos abruptos, productos agotados y restricciones de unidades por pedido. En varias ofertas observadas, el precio aproximado de un litro pasó de alrededor de 3 USD a cerca de 10 USD; un galón de cinco litros se ofertó por unos 28 USD y llegó a limitarse a dos unidades por orden antes de agotarse. La existencia intermitente del producto incluso en circuitos dolarizados confirma que la crisis no se reduce a una distorsión del mercado informal sino a una insuficiencia general de oferta golpeada además por el colapso en infraestructura de distribución.


La producción nacional se desploma
El Anuario Estadístico de Cuba 2024, publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en 2025, informa que la producción de aceites vegetales refinados descendió de 22 100 toneladas en 2020 a 17 800 en 2021, 10 700 en 2022 y apenas 4 300 en 2023. Se trata de una contracción del 80,5 % en solo tres años. Para 2024 se omite el conteo lo que impide conocer si hubo producción y en qué volumen.
Aun así, este deterioro es anterior al actual pico de precios. La industria aceitera cubana depende ampliamente de materias primas importadas, en particular de la soya, mientras la producción agrícola nacional de esa oleaginosa ha permanecido muy por debajo de las necesidades industriales. A la falta de divisas y combustible se suman roturas tecnológicas, déficit de piezas de repuesto y discontinuidades en la entrada y distribución de materias primas. Las sanciones estadounidenses encarecen transacciones, financiamiento y logística, pero no explican por sí solas la caída sostenida de la producción interna, la opacidad sobre inventarios e importaciones ni la ausencia de una política estable de abastecimiento. Así, en redes y circuitos comerciales circulan versiones sobre demoras en la gestión de contenedores en Mariel, problemas de transporte y retención especulativa por importadores o mayoristas.


Del precio topado al precio liberado
La política de precios ha oscilado sin resolver el problema de fondo. Aunque el tope nacional de 990 CUP por litro fue derogado en junio de 2026, durante agosto varias autoridades territoriales restablecieron controles ante la escalada de precios. Esta fragmentación territorial revela una política reactiva y contradictoria: tras liberalizar el precio a escala nacional sin recuperar la oferta, las autoridades locales intentan contener la inflación mediante topes que, sin abastecimiento suficiente ni control sobre los costos mayoristas, pueden incentivar el ocultamiento del producto y su desplazamiento hacia circuitos informales.
Ante la falta de aceite, algunas familias recurren a la manteca de cerdo, la margarina o la mantequilla. Pero estas alternativas también se han encarecido o son difíciles de encontrar. El monitoreo de ventas en redes sociales sitúa la manteca de cerdo para usos domésticos y de repostería en torno a 3 000 CUP por libra en algunas ofertas: una cantidad equivalente a un salario mínimo mensual. Otras familias simplemente eliminan las grasas añadidas y reducen todavía más la densidad energética de comidas ya empobrecidas.


De la escasez al riesgo sanitario
La ausencia de aceite vegetal no provoca por sí sola una enfermedad si la dieta contiene otras fuentes suficientes de grasa. Sin embargo, siendo el aceite de cocina la última escala en fuentes más saludables como pescado, frutos secos, semillas, aguacate, huevos o lácteos, menos disponibles en el país, el riesgo ante la falta de sustitutos es mayor.
En ese contexto, una dieta crónicamente muy baja en grasas puede reducir el aporte de ácidos grasos esenciales y dificultar la absorción de las vitaminas A, D, E y K. También puede agravar la insuficiencia energética, la pérdida de peso y la malnutrición, con especial impacto en niños, mujeres embarazadas, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas. La Organización Mundial de la Salud recuerda que las grasas son nutrientes esenciales para el funcionamiento celular y que los ácidos linoleico y alfa-linolénico solo pueden obtenerse mediante la alimentación.
La escasez también abre espacio a productos sin trazabilidad. El 21 de agosto, la Dirección General de Salud Pública de Mayabeque pidió no consumir un aceite vendido en el Recinto Ferial El Rodeo, en San José de las Lajas, después de determinar que se trataba de aceite crudo vegetal destinado al consumo animal y no humano. Sin embargo, la alerta no identificó al vendedor, la procedencia, la marca, el lote, la cantidad distribuida, el período de comercialización ni los posibles efectos de su ingestión. Tampoco aclaró si el producto había sido retirado por completo o si había llegado a otros puntos de venta. Según usuarios que adquirieron el producto equivocado, padecieron de irritación en la garganta o percibieron colores y olores inusuales al cocinar. La tensión alrededor del aceite no impacta solamente la economía y la salud, sino también el orden ciudadano. Se reportan aglomeraciones y riñas para adquirir el producto allí donde aparece a precios regulados.
Food Monitor Program avisa que el colapso en otro producto esencial como el aceite es el resultado de la convergencia entre colapso productivo, dependencia importadora, inflación, dolarización del consumo, opacidad comercial y ausencia de mecanismos de protección capaces de garantizar una alimentación adecuada.
FMP insta a sustituir respuestas improvisadas como topes sin oferta o liberalizaciones sin protección, por políticas que faciliten una producción e importación mayorista transparentes, aseguren controles sanitarios independientes y prioricen transferencias directas a personas pensionadas, hogares con niños, mujeres embarazadas y otros grupos en inseguridad alimentaria. Garantizar el acceso a aceite seguro y asequible no equivale necesariamente a defender una dieta pesada en grasa, sino a proteger una fuente básica de energía y nutrientes dentro de una alimentación ya impactada por la limitada variedad y reducida cantidad de nutrientes.
1. Villa Clara fijó el litro de aceite en 2.250 CUP para la venta mayorista y 2.500 CUP para la minorista; Guantánamo estableció un máximo de 2.200 CUP, cifra también aplicada en Moa y Banes, en Holguín, y en San Luis, Santiago de Cuba. Songo-La Maya lo limitó a 2.500 CUP por litro, mientras el municipio de Pinar del Río anunció precios de 1.950 CUP para mayoristas y 2.150 CUP para minoristas, aunque su comunicación inicial no precisó claramente la presentación regulada.
