Nota de prensa N° 41- Food Monitor Program
Cuba anuncia nueva tasa de cambio flotante en medio de dolarización parcial
La Habana, 18 de diciembre de 2025
En el día de ayer, el Gobierno de Cuba anunció la implementación de una tercera tasa de cambio oficial para transacciones en divisas, como parte de un plan orientado a simplificar gradualmente el mercado cambiario y frenar la depreciación del peso cubano. La ministra-presidenta del Banco Central de Cuba (BCC), Juana Lilia Delgado, informó en comparecencia televisiva que, a partir del día siguiente, entraría en vigor un nuevo tipo de cambio “flotante”, fijado diariamente por el BCC según la oferta y la demanda.
Esta tasa aplicará inicialmente a exportadores y otros oferentes de divisas, con el objetivo de ofrecer un precio “competitivo” por los dólares o euros que ingresen al circuito formal. Los tipos de cambio oficiales existentes —1 USD = 24 CUP para el sector empresarial estatal y 1 USD = 120 CUP para operaciones de personas naturales— se mantendrán sin modificaciones.
Las autoridades sostienen que se trata de un “proceso gradual, responsable y transparente”, “en correspondencia con las condiciones específicas de Cuba”, y que, de forma paralela, se trabajará en la estabilización de la moneda virtual MLC (Moneda Libremente Convertible, denominación digital respaldada en divisas). En este período de “transición” hacia una “dolarización parcial” coexistirán tres monedas o unidades de cuenta —el peso cubano, la MLC (vinculada al dólar) y las divisas extranjeras— junto con múltiples tipos de cambio.
El anuncio se produce en un contexto de inflación elevada de bienes básicos y pérdida acelerada del valor del peso. Hasta ahora, el dólar estadounidense cotizaba en el mercado informal por encima de 450 CUP, muy por encima de cualquier tasa oficial, según referencias usadas por medios independientes como El Toque, que la propia plataforma ha descrito como una de las mayores distorsiones económicas del país.


Tres tasas de cambio y el incremento de relaciones de poder
Mantener tres tipos de cambio paralelos plantea dudas de eficiencia y coherencia. Tasas oficiales distintas para un mismo dólar, según el uso o el actor económico, dificultan medir la actividad productiva, generan espejismos entre sectores y distorsionan incentivos. La propia ministra del BCC reconoció la “existencia objetiva de diferencias entre las tasas de cambio oficiales y el valor real que refleja la escasez de divisas” en Cuba. En la práctica, la medida opera sobre un mercado cambiario fraccionado y desbalanceado, que tiende a perpetuar arbitrajes desiguales administrados desde el Estado.
En otras palabras, el Estado estaría gestionando la escasez de moneda dura mediante accesos preferenciales. Esto puede reforzar dinámicas neopatrimoniales: empresas o individuos con acceso a dólares a 24 CUP obtienen márgenes extraordinarios si desvían esos fondos hacia el mercado informal. Mientras tanto, quienes perciben ingresos o ahorros en pesos continúan viendo erosionado su poder adquisitivo.
El economista Pavel Vidal, director del Observatorio de Monedas y Finanzas de Cuba (OMFi), subraya que la decisión “institucionaliza, regula y amplía la dolarización parcial de la economía”, creando un mercado cambiario oficial, pero con alta centralización y discrecionalidad en el acceso a divisas.
A la vez, mientras salarios y pensiones se pagan en pesos, una parte significativa de los bienes esenciales para el abastecimiento doméstico está dolarizada de facto. El resultado es un aumento de la desigualdad: se divide a la población entre quienes acceden a divisas (remesas, turismo o determinados nichos económicos) y quienes dependen exclusivamente de la moneda nacional.


La realidad a tener en cuenta
La iniciativa busca “entrar” de manera oficial en el mercado del dólar informal y, gradualmente, convertirse en referencia. Sin embargo, no muestra un respaldo material evidente en un país con aguda escasez de divisas, reservas internacionales exiguas y un sector productivo en contracción. En ese sentido, corre el riesgo de asentarse sobre una ficción económica:
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una estabilidad cambiaria sin suficiente oferta productiva ni bienes y servicios que puedan adquirirse en pesos;
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falta de coherencia y transparencia en el diseño anunciado: no se define con claridad el régimen cambiario ni la secuencia de acciones para estabilizar la moneda.
El paso se inscribe, además, en la línea de intentos recientes por corregir “distorsiones” asociadas a cambios macroeconómicos previos, como la Tarea Ordenamiento. En enero de 2021 el Gobierno unificó la moneda nacional, fijando el peso cubano a 24 CUP por dólar; pero aquella unificación, aplicada en medio de una crisis de oferta, detonó una inflación del 77% ese año. En 2022, ante la escalada del dólar informal, se abrió un mercado cambiario oficial para la población con una tasa de 120 CUP/USD, muy por debajo del paralelo. La brecha siguió creciendo, en especial por la limitada capacidad estatal para vender divisas. Cuatro años después, Cuba no solo no ha alcanzado la unificación monetaria y cambiaria prometida: opera con más monedas y tipos de cambio, y con divergencias más amplias que nunca.
El Gobierno asegura que, de forma “transitoria”, la dolarización permitirá “dinamizar la actividad económica e incrementar los ingresos externos”, con el objetivo de que “el peso cubano vuelva a ser la única moneda de curso legal”. Sin embargo, Food Monitor Program registra con preocupación la normalización del dólar en el mensaje oficial como “mal necesario” en una crisis multifactorial y estructural (económica, monetaria, productiva y social).
Food Monitor Program advierte que, sin una oferta suficiente de divisas —en un escenario marcado por falta de inversión, caída del turismo y escasa credibilidad política para generar ingresos exportables— la nueva tasa oficial parece otro intento de administrar la escasez. Esto podría seguir alimentando la inflación interna y encarecer los pocos bienes disponibles.
Por otra parte, sin confianza de la población y de los emprendedores, resulta difícil que el mercado oficial absorba un volumen relevante de divisas del circuito informal. Pesa la desconfianza de ingresar dólares al banco ante posibles contramarchas regulatorias o falta de disponibilidad, como ya ha ocurrido. Además, la venta formal de dólares tampoco ha aportado certidumbre: incluso con tasas preferenciales, las personas esperan turnos de meses en CADECA para estas operaciones.
En suma, la medida revive un esquema de control centralizado de recursos en divisas y múltiples tasas, con rasgos presentes desde los años noventa y cuyas limitaciones ya están documentadas. Food Monitor Program alerta sobre posibles consecuencias: mayor desigualdad, nuevas segmentaciones y distorsiones que, sin reformas integrales, seguirán bloqueando el crecimiento de largo plazo. Mantener un híbrido donde el Estado paga sueldos en pesos devaluados pero vende buena parte de los productos en dólares/MLC traslada el costo de la crisis a la población trabajadora: su moneda no cubre necesidades básicas, y la canasta básica alimentaria para una persona puede alcanzar hasta 10 salarios mínimos. El desafío sigue siendo encaminar al país hacia una economía más estable, productiva e integrada, donde los ingresos formales permitan sostener una vida digna.
