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ENTREVISTA

Llevamos mucho tiempo en crisis y ha sido tan grande que ya no sabemos qué hacer

Fernando tiene 36 años y es contador económico en Matanzas

Columna 02 de abril (2).jpeg

La semana pasada el Gobierno anunció una paralización inminente del país. ¿le tomó por sorpresa esta decisión? ¿Por qué?

No, la verdad es que no me sorprendió para nada. Mira, a mí no me tomó por sorpresa porque ya se venía cocinando esa posibilidad: desde que ves que por el noticiero te empiezan a bombardear con que no hay combustible en el país, que se van a adoptar ciertas medidas poco a poco, que en las redes sociales también corren los rumores de que iban a cerrar el flujo petrolero a Cuba y restringir esa entrada desde otros países.

 

 O sea, ya te ibas imaginando que íbamos a llegar a ese punto. Además, ya estábamos en medio de una crisis muy grande, y el hecho de que empeorara esa crisis tan grande que teníamos ya era seña de que efectivamente se iba a poner peor la cosa, y como en efecto sucedió: llegamos a esa paralización inminente, que ahora es una realidad.

Considerando lo vivido durante el Periodo Especial y la pandemia ¿Qué diferencia, en su experiencia personal, la situación actual de las anteriores?

Para mí hay diferencias notables, y creo que lo fundamental está en dos cosas: una, la electricidad, y dos, los alimentos. Porque en el Periodo Especial, si bien es cierto que escaseaban los alimentos, aún llegaban a la libreta. Es verdad que se iba la corriente, pero no se iba tanto como se va en la actualidad.

 

Lo mismo sucede con el periodo de la pandemia por el COVID-19: en esa etapa también empezó a haber apagones, pero no eran tan grandes como los de ahora. Por ejemplo, en la zona donde yo vivo, los apagones son de entre 20 y 24 horas; en la pandemia, creo que teníamos apagones de 8 horas cuanto más, y a veces hasta lo programaban bien y uno se podía preparar.

 

De igual modo, en la pandemia llegaban los alimentos por la libreta: es verdad que ya estábamos en plena crisis, pero llegaban. Entonces no existía una inflación tan grande como la que existe en la actualidad, cosa que, por ejemplo, en el Periodo Especial no existía. Hubo un momento al inicio del Periodo Especial en que sí se pasó un poco de trabajo, pero no duró tanto. En la actualidad, llevamos mucho tiempo en crisis y ha sido tan grande que ya no sabemos qué hacer.

¿A qué bienes y servicios básicos (alimentos, agua, electricidad, transporte, salud, educación) ya no puede acceder? ¿Cómo ha empeorado esto su calidad de vida? ¿Cómo ha tratado de resistir esta escasez?

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Bien, vamos a empezar desde cero: yo tengo dos trabajos, y con esos dos trabajos que tengo, en cualquier país del mundo debería alcanzarme el dinero que gano para poder tener una casa, para poder tener un auto en qué moverme, para poder tener electricidad, para poder tener comida. Y son cosas a las cuales en Cuba no tengo acceso.

 

En Cuba no tengo acceso a una vivienda propia: prácticamente imposible para una persona con salarios comunes devengados por el Estado. No tengo acceso a electricidad del modo en que me corresponde como ciudadano y contribuyente, porque nunca hay corriente. Apenas tengo acceso al agua, porque apenas llega.

 

Lo mismo sucede con los alimentos: es difícil conseguirlos aquí; comemos una o dos veces al día cuanto más, y con porciones muy reducidas. O sea, si bien tenemos acceso, lo tenemos extremadamente limitado, y es lo que nos separa prácticamente de la muerte: vivir en una agonía. No hay transporte asequible, la salud carece de medicamentos y suministros, y la educación se interrumpe por la falta de recursos básicos. 

 

Esto ha dificultado enormemente mi desarrollo personal: me ha hecho enfocarme en la supervivencia y no en el desarrollo personal que, como persona, yo debería tener. Ya no pienso en darme gustos, ya no pienso en comprarme ropa, ya no pienso en establecer una familia. Ahora lo único en lo que pienso es mantenerme a mí y mantener a mis seres queridos en medio de una crisis tremenda; prácticamente suprime mis sueños. 

 

He tratado de resistir buscando más trabajos, más fuentes de ingreso; intentando aprovechar las horas en que llega la corriente para poder hacer las actividades que requieren electricidad, ya sean cosas del trabajo o cocinar. Como casi nunca hay electricidad, tenemos que hacer muchas cosas de forma manual, y eso incluye cocinar con leña, cocinar con carbón, vivir del invento. Hay veces que hemos tenido que buscar agua en el río porque el agua no llega, y es difícil y doloroso.

¿Cree posible una mejoría de la vida en Cuba? ¿Cómo se imaginaría este desarrollo? ¿Qué sería necesario para que ocurriera?

Yo sí creo que es posible una mejoría de la vida en Cuba. Yo me imagino ese desarrollo con libre mercado, con la capacidad de que cada persona pueda emprender de forma justa y de que se le respeten sus derechos. 

 

Para que esto ocurra, en mi opinión, creo que lo fundamental es acabar de una vez —y lo digo con todas las palabras— con la dictadura que actualmente dirige este país. Creo que es necesario que esas personas que se aferran al poder lo suelten, que esas personas que prefieren tener rehén a un país tengan conciencia y sean consecuentes con la situación que vivimos.

 

Creo que hay que cambiar completamente el aparato socioeconómico, que hay que hacer reformas muy profundas. Desde el punto de vista político, hay que reformar absolutamente todo: que debemos tener un sistema que permita que exista una verdadera competencia y que exista un verdadero desarrollo, sobre todo un desarrollo individual para las personas, que se respeten las iniciativas y que podamos ser libres de escoger lo que queremos hacer. En fin, y dicho de forma franca y directa, creo que se debe dejar atrás el socialismo y debemos entrar en una economía que permita la apertura a nuevos actores económicos y, sobre todo, la apertura al mundo.

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