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ENTREVISTA

El cubano ha perdido la capacidad de sorprenderse, de lo malo y de lo peor también

Vivian tiene 43 años; es historiadora y trabaja en un centro del Estado. Vive en La Habana

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La semana pasada el Gobierno anunció una paralización inminente del país. ¿le tomó por sorpresa esta decisión? ¿Por qué?

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El cubano ha perdido la capacidad de sorprenderse, de lo malo y de lo peor también. Llevamos casi una década pensando que esto no puede ponerse peor, y cada año empeora contra todo pronóstico y más allá del límite concebible de lo digno, de lo humano.

 

De lo que sí me sorprendo es de la tozudez de esta administración, de su ineficacia y de cómo aún piensan que con discursos baratos pueden poner un parche a la debacle en la que se ha convertido este país. También me sorprende la magnitud del aguante del cubano, de cómo naturalizamos y seguimos, a falta de otra alternativa mínimamente mejor. Después de la pandemia pasamos de sobrevivir a mal vivir, y ahora ni sé si aún podemos decir que vivimos…

¿Considerando lo vivido durante el Periodo Especial y la pandemia ¿Qué diferencia, en su experiencia personal, la situación actual de las anteriores?

Yo viví el PE siendo niña y obviamente las experiencias son diferentes cuando tienes que responsabilizarte como adulta por la comida de tus hijos, inventarte en lo que sea para llegar a fin de mes, navegar todos los miedos y preocupaciones que se te acumulan en la cabeza y que guían tu existencia. En mi opinión, esta crisis es peor. Es la falta de novedad, el cansancio repetido por generaciones, la careta caída de las autoridades que ya ni se molestan en maquillar su desinterés, pero, sobre todo el colapso de servicios que en el PE no ocurrió en esta magnitud. En los noventa había apagones, pero no aprendimos a vivir sin electricidad como ahora, había gas para cocinar, había atención médica, con poco, pero había.

 

La única diferencia que no sé si es mejoría para todos es que ahora la sociedad es más versátil, se mueve más, tienes acceso a internet y mucha gente entra y sale por lo que el flujo de remesas es diferente, hay dólares en la calle. Es una sociedad más abierta que en los noventa, cuando justo se salía del campo soviético y aun muchas cosas eran mal miradas. Pero en los noventa la gente no se había tirado masivamente para la calle y Cuba disfrutaba de un poco de credibilidad, era más difícil describir esto como una dictadura, pero ya no.

 

Yo estoy joven aún, pero la gente que ha envejecido aquí después de dar todo por este sistema, esa gente me da una pena tremenda, porque hemos sido todos sujetos de esta desgracia, pero unos se la han sentido más, han perdido más en la vida. También pierden la oportunidad de ver a sus hijos hacerse padres, de ver crecer a los nietos. Es como el cuento de viene el lobo, pero esta vez el lobo pasó y arrasó.

¿A qué bienes y servicios básicos (alimentos, agua, electricidad, transporte, salud, educación) ya no puede acceder? ¿Cómo ha empeorado esto su calidad de vida? ¿Cómo ha tratado de resistir esta escasez?

¿Qué vida? ¿Tú no ves las ojeras que tengo? Aquí no hay vida que valga. Nosotros comemos, dormimos o hacemos labores de casa cuando el sistema dispone. Si a las 3 de la madrugada conectan el agua a esa hora todos los vecinos se avisan por el chat y se encaraman en sus respectivos techos para llenar sus tanques, eso si hay electricidad… Si a las 10 de la noche es que te ponen la electricidad, ya tú perdiste la oportunidad de comer caliente o siquiera de comer. Ablandas algo para el día siguiente, si es que no hay calor, porque si no se te echa a perder también. Yo dependo de la electricidad, no tengo gas ni espacio para cocinar con leña o carbón, mucho menos para salir a comprar afuera en una cafetería o algo así.

 

Ya no comemos por el disfrute de comer, es apenas el hambre y la necesidad de tener algo en el estómago lo que nos mueve, y entonces agarras lo que sea, un pedazo de pan con mayonesa y andando. Bueno, y ahorrando porque no podemos comprar un paquete de pan diario porque el salario no alcanzaría para la segunda semana del mes. Por lo demás, rezar por no enfermarte, para que no necesites ni un paracetamol, aunque sea. Desprenderse de cualquier deseo de recrearte, porque sin transporte y con la delincuencia en la calle ni sentarse en el malecón puede una ya. No mirar las rajaduras de la pared, la persiana desprendida, porque lo que menos una puede pensar ahora es en albañilería, esperar que la casa aguante otras tantas generaciones.

 

El poco tiempo que tengo se lo dedico a mi hijo que tiene 13 años y con el que estudio en casa porque los maestros de su escuela brillan por su ausencia. Y lo hago sin saber para qué, si aquí no hay futuro ni para estudiar ni para trabajar, pero algo hay que hacer para darle algo de estructura a las 24 horas del día en esta existencia.

¿Cree posible una mejoría de la vida en Cuba? ¿Cómo se imaginaría este desarrollo? ¿Qué sería necesario para que ocurriera?

Ay mijo, ojalá. ¿Tú no crees que ya nos merecemos un respiro? Yo no soy tonta. Ningún cambio viene servido en bandeja de oro, y lamento mucho que este sistema nunca nos haya preparado para vivir con acceso a derechos, pero también pagando por ellos como es afuera. Aquí no sabemos cómo trabajar fuera de este invento de sistema. Pero si eso ocurriera, tengo fe, tengo seguridad de que la vida mejoraría, por el simple hecho de que peor no puede ponerse y como está no hay cuerpo que lo aguante.

 

No te sé decir las condiciones, si transición, si golpe de estado, si invasión, no se nada de eso. Pero una cosa es importante, derechos políticos y económicos que el cubano no tiene para poder ser independiente, agente de su propia vida. Y bueno, nos tocará mucha educación porque por generaciones lo que llevamos en vena es autoritarismo puro, que daño ha hecho esta gente por Dios.​

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