ENTREVISTA
Antes, con sacrificio sobrevivías, ahora ni eso
José tiene 70 años y vive en Guantánamo. Durante gran parte de su vida fue agricultor, ahora está jubilado.

Si pensara en su alimentación diaria, ¿diría que come realmente lo que quiere y considera saludable? ¿Qué factores influyen en sus decisiones a la hora de elegir qué comer?
No, no como lo que quiero ni lo que considero saludable. En primer lugar, no hay acceso a lo que necesito para mi salud, como vegetales frescos, frutas o carne magra que me recomienda el médico por la diabetes.
Lo que como depende de lo que pueda conseguir y de lo que me alcanza con la pensión, que son 2,000 pesos al mes. Esa plata no me da ni para una semana de comida. Influye mucho el dinero, claro, porque todo está carísimo: un litro de aceite a 1,200 pesos, una libra de arroz a 250 pesos. Además, vivo solo y no tengo familia que me mande remesas del extranjero.
Lo que me limita más es la escasez y los precios, porque aunque quisiera cocinar algo sano, no hay dónde comprarlo ni con qué.
A veces compro lo que aparece en la placita, pero es poco y se acaba rápido. Entonces, termino comiendo lo que haya, aunque no me haga bien.
¿Cuáles son los alimentos más importantes en su dieta y de qué forma accede a cada uno?
Los más importantes son el arroz, los frijoles, el boniato y, cuando hay, un poco de carne de cerdo o pescado.
El arroz lo consigo por la libreta cuando llega, pero no siempre viene a tiempo; a veces pasan dos meses sin traerlo, y entonces tengo que comprarlo a 250 pesos la libra en la calle.
Los frijoles también vienen por la canasta básica, pero igual, es irregular, y si se acaban, no hay cómo comprar más. El boniato lo saco de un pedacito de tierra que tengo atrás, pero no siempre da mucho porque no tengo fertilizante ni insecticida.
La carne de cerdo o el pescado solo los consigo si un vecino mata un puerco o si voy al río a pescar algo, porque comprarlo en el mercado está imposible, una libra de cerdo anda por 800 pesos. Todo depende de lo que aparezca y de lo que pueda negociar con alguien
Ante la actual crisis económica en Cuba, ¿qué estrategias y opciones tiene para sobrellevar las dificultades que enfrenta?
Mi estrategia es estirar lo poco que tengo y “resolver” como pueda. Planto boniato y algo de yuca en el patio, aunque no rinda mucho.
A veces voy al río a pescar, cuando el cuerpo me lo permite, porque tengo las piernas hinchadas. Un vecino me ayuda con un poco de comida a cambio de que le cuide las gallinas cuando él no está.
Para la luz, uso una lámpara recargable que me prestaron, y la cargo en el ratico que llega la electricidad. Todo es un malabar, porque no hay transporte para ir a buscar comida lejos, y el dinero no alcanza ni para lo básico.
¿Qué sentimientos y emociones experimenta cuando piensa en la labor de garantizar la alimentación en la familia?
Siento mucha impotencia y estrés. Vivo solo desde que mi esposa murió, pero igual pienso en cómo era antes, cuando tenía que alimentar a mis hijos. Ahora es lo mismo, pero para mí: no saber si voy a comer mañana me tiene la cabeza loca.
Es una angustia constante, porque no hay seguridad de nada. A veces me da hasta tristeza, porque trabajé 40 años en el campo y ahora no puedo ni comer un plato decente. Todo es inventar, y eso cansa.
¿Para Ud., cuál crisis ha sido peor, el Periodo Especial o la crisis actual? ¿Por qué?
Esta crisis actual es peor, mucho peor. En el Periodo Especial, entre los 90 y eso, faltaba comida, sí, pero había más apoyo. La libreta llegaba más seguido, y en la farmacia había medicinas. Ahora no hay nada seguro, ni comida, ni medicina, ni luz, ni agua.
En el Periodo Especial, uno inventaba con lo poco que había, pero el gobierno te respaldaba más; ahora, si no tienes dinero o remesas, te mueres de hambre. Hoy todo cuesta un ojo de la cara y con mi pensión no compro ni un litro de aceite. Antes, con sacrificio, sobrevivías; ahora, ni eso.
¿Cómo llegó a escoger esta ocupación/actividad? ¿Influye la crisis actual en ella?
Yo terminé trabajando en una cooperativa porque era lo que había para mí en ese tiempo, y porque desde muchacho me crié en el campo. No fue tanto que lo escogiera, sino que la vida me llevó ahí. Empecé joven, después del triunfo de la Revolución, cuando organizaron las cooperativas. En esos años, uno sentía que era algo importante, baf!.
Yo sembraba de todo: boniato, yuca, maíz, plátano, lo que mandaran, y a veces hasta sobraba para llevar a la casa. Pero la crisis actual, esa sí que lo cambia todo. Ahora estoy jubilado, pero si todavía estuviera en la cooperativa, no sé cómo haría. No hay fertilizantes, no hay combustible para las máquinas, no hay ná.
¿Se imaginaría realizarla durante el Periodo Especial? ¿Qué cambiaría?
Sí me imagino trabajando otra vez en la cooperativa durante el Período Especial, te digo que sí lo haría, porque en esos años, aunque estaba flaco el asunto, uno podía resolver por ahí. En los 90, la cooperativa seguía funcionando, y aunque no había mucho, nos las arreglábamos. Sembrábamos lo que la tierra aguantara, y sacábamos para comer y para repartir. Yo me movía, hablaba con los jefes de la agricultura, conseguía semillas, un poquito de abono, y si no había combustible para las máquinas, usábamos bueyes o lo hacíamos a mano. Ya no hay ni con qué empezar; la cooperativa de hoy es un bailable, ahí nadie trabaja, me dicen los que siguen allá. No hay semillas, no hay herramientas, y lo que sale se lo lleva el municipio para lo que ellos entiendan.
