La distopía de la alimentación cubana: La Opción Cero
12 de marzo de 2026
na distopía dentro de otra. Son estas las palabras más precisas
para definir la llamada “Opción Cero", [1]que no es más que el último eufemismo para disfrazar un colapso total del sistema económico cubano. Es en resumida síntesis, un plan de contingencia, revivido por el Gobierno ante la crisis energética actual, que evoca (y supera) los peores recuerdos del Período Especial de los 90, pero ahora con un agravante, la indiferencia oficial ante el hambre que azota a millones de personas en la isla.
Un último resquicio de cordura invitaría al sentido común a negociar en pos de evitar una catástrofe humanitaria, lo cual parece lógico desde la acción de un gobierno funcional. Sin embargo, la implementación de medidas (previamente desempolvadas) para subsistir apagones de hasta 24 horas y un transporte paralizado, no garantizan que el renglón de los alimentos salga bien parado.
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¿Cómo se manifiesta este fenómeno? Hay muchas aristas y una de las más importantes es entender que, en Cuba, otrora símbolo de riqueza culinaria, la comida es más un lujo que una necesidad básica para sobrevivir, conservar la dignidad o simplemente no desfallecer.
La isla importa el 80% de sus alimentos,[2] y con el combustible escaso, no existe garantía de transporte para llegar a los mercados ni mover las mercancías que necesitan los negocios privados para mantenerse a flote. Por otro lado, los cortes eléctricos han afectado directamente la capacidad de refrigeración dejando a centenas de productos en riesgo de pudrición mientras niños y ancianos pasan días sin una comida decente. En lo que pareciera sacado de una película de apocalipsis anunciado, los mercados (sobre todo al interior de la nación) ahora enfrentan una demanda que no pueden suplir, lo que se traduce en precios más altos, menos productos y más desesperación.
Hasta este punto, la situación pareciera no ponerse peor, pero nada más lejos de la realidad. El Gobierno, que controla de manera centralizada la economía y los recursos, fiel a sus políticas de hacerlo todo más difícil para el pueblo de a pie, optó por medidas paliativas como racionar el combustible para "sectores esenciales" que (curiosamente incluyen hoteles para turistas extranjeros) y los órganos represores del Estado.



En las ciudades, el panorama no es muy distinto y los negocios privados, (las MIPYMES) que superaron al sector estatal en ventas minoristas en 2025, [3]representando un tercio de la economía y empleando a un tercio de los cubanos, enfrentan ahora mismo un enorme riesgo de paralización. De ahí que no pocas llegaron a suspender operaciones por falta de combustible, electricidad y pagando cifras desquiciadas por reabastecerse. Aunque no existen datos oficiales recientes sobre el impacto total, la presión es evidente; hace solo unos meses la inflación real era del 70%[4], con precios demasiado alejados del alcance del bolsillo del trabajador de a pie.
Si echamos un poco la vista al panorama internacional resulta difícil no asociar la actual situación cubana con lo que sucedió en Venezuela, el vecino más cercano en términos de aliados fallidos. Una simple ojeada en la crisis económica venezolana, impulsada por políticas similares de control estatal y dependencia de importaciones, redujo el acceso a comida básica a niveles de hambruna, con hiperinflación y escasez crónica. Cuba, para pesar de quienes subsisten con un salario estatal, ya no está lejos de ese escenario y la "Opción Cero" invita a pensar en una situación similar si no se actúa con urgencia, especialmente con el corte del petróleo venezolano.



Siendo realistas las fallas del Gobierno cubano son el resultado deliberado de un sistema anacrónico que prioriza la perpetuación del poder por encima del bienestar colectivo. En medio de esta "Opción Cero", que no es más que una alusión camuflada para el abandono estatal, la inequidad social se erige como un monumento al cinismo. A la par, los altos funcionarios y los turistas extranjeros disfrutan de hoteles iluminados, mesas rebosantes, y el cubano, ese trabajador común, debe conformarse con la oscuridad perpetua y hambre.
No hay casualidad en esta brecha, es el fruto de políticas que racionan el combustible para los represores y los enclaves de lujo. ¿Por qué un régimen que se autoproclama revolucionario ignora el clamor de millones? ¿Cómo se condena un pueblo a una existencia precaria mientras se protegen sus privilegios? La respuesta yace en la indolencia de una élite desconectada, que ve en el hambre ajeno una herramienta de control. A final, la Opción Cero no deja de ser una distopía dentro de otra, pero eso sí, solo para aquellos que día a día no tienen lo mínimo para llevar a la mesa.
[1] Cibercuba (2026) ¿Qué es la “Opción Cero” y por qué el régimen cubano la presenta como su tabla de salvación? https://www.cibercuba.com/noticias/2026-02-16-u1-e135253-s27061-nid320953-opcion-cero-regimen-cubano-presenta-tabla-salvacion
[2] ACERE.org (2023) U.S. Policy and Food Security in Cuba https://acere.org/foodsecurity
[3] Cibercuba (2025) El sector privado cubano: datos impactantes en medio de la crisis https://en.cibercuba.com/noticias/2025-10-03-u1-e199370-s27061-nid312253-sector-privado-cuba-datos-impactantes-medio-crisis
[4] 14ymedio (2026) Cuba Records Real Annual Inflation of 70% in 2025, but the Government Puts It at Just 14% https://translatingcuba.com/cuba-records-real-annual-inflation-of-70-in-2025-but-the-government-puts-it-at-just-14/ (Esta cita es una traducción al inglés de un artículo de 14ymedio, se escogió pues le fue imposible al investigador acceder al texto donde fue publicado originalmente)
