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La alimentación caritativa de la Iglesia en Cuba, entre crisis y coerción

09 de abril de 2026

lo largo de seis décadas de revolución, el Gobierno cubano 

ha restringido en las políticas públicas la labor independiente de la sociedad civil, reservando la gestión del sistema alimentario y las acciones humanitarias al control del Estado. La obra eclesial ha sido una de las más presentes en el terreno, de mayor movilización local y labor caritativa efectiva. Desde la República, las iglesias cubanas –en particular la Iglesia Católica– mantuvieron programas de beneficencia social: orfanatos, hospitales, escuelas, comedores públicos. Pero a partir de 1959 su influencia disminuyó considerablemente a partir de las expropiaciones, restricciones y acoso legal a las que fue sometida por el nuevo sistema político. Por entonces, la gestión de jesuitas, salesianos y escolapios fue casi disuelta; mientras que las ayudas de otras órdenes terminaron siendo supeditadas a una estrecha vigilancia y condicionamiento oficial.

Si hasta los años noventa toda caridad fuera de la liturgia oficial fue perseguida y cercenada, el colapso del Período Especial y la incapacidad del Gobierno para contenerlo terminaron por resquebrajar el bloque ideológico y lo empujaron a buscar “soluciones” en terceros. Es en estos años cuando el quehacer solidario de la Iglesia vuelve a tomar preeminencia, coronado por la visita de Juan Pablo II, en 1998, aunque siempre bajo la supervisión estatal de la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC.

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a más de mil, si se suman fraternidades y otras instituciones semejantes. La mayoría de ellas tiene entre sus objetivos sociales acciones de asistencia en las comunidades donde están asentadas (distribución de alimentos, medicamentos, entre otros insumos). La Iglesia Metodista San Juan (Stgo. de Cuba), la Iglesia Presbiteriana, centros gestionados por Sant’Egidio, Claretianos, Siervas de San José, Compañía de María, Sanchinas, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret son algunas de las entidades que han estado ofreciendo en los últimos meses donaciones de alimentos, así como comidas ya elaboradas en poblaciones vulnerables dentro de la isla.

Sin embargo, según testimonios recabados por FMP, estas iniciativas tratan de mantenerse “lo menos visibles posible” para poder garantizar el mantenimiento de sus tareas comunitarias.  La experiencia dicta que, en la medida en que la obra solidaria toma preeminencia y son más los seguidores del clero, mayor será la probabilidad de sufrir revisiones, cuestionamientos y obstáculos “burocráticos” a su gestión. Un ejemplo reciente es la dificultad del padre Leandro Naun Hung, en Santiago de Cuba, para mantener un comedor social que alimenta a decenas de personas vulnerables de su parroquia San José Obrero, así como de comunidades rurales cercanas. En la medida en que el padre se ha hecho visible en redes sociales mostrando estrategias de sobrevivencia alimentaria y tradición montuna en poblaciones recónditas, comenzaron a aparecer “argumentos” administrativos que intentan ilegalizar este espacio comunitario.[1]

 

Acorde a experiencias como las del sacerdote Naun Hung, la Iglesia en Cuba cumple un papel vital no solo en el culto a la fe, sino también en brindar esperanza, consuelo y sustento a los necesitados. Sin embargo, varios pastores entrevistados en un reportaje de la organización Puertas Abiertas señalan el aumento de la persecución gubernamental hacia líderes religiosos, sobre todo hacia aquellos con vínculos internacionales o con mayor preeminencia para recaudar fondos para ayuda humanitaria. [2] Según esta organización, Cuba ocupa el puesto 26 entre los 50 países donde los cristianos sufren mayor persecución, y es el país latinoamericano con la posición más alta en la lista.[3]

Entre las tácticas de coerción que distinguen el control sobre la labor alimentaria de caridad y otras de similar influencia se encuentran el monitoreo en sermones, así como limitaciones burocráticas (negar licencias, imponer multas, confiscar propiedades), entre otras penalizaciones de mayor instancia (cerrar espacios de culto o demoler templos). Este último fue el caso, por ejemplo, del padre Alain Toledano, líder del Movimiento Apostólico en Santiago de Cuba, cuyo templo y vivienda pastoral fueron destruidos en 2016 y numerosos miembros fueron detenidos, afectando una red comunitaria que incluía ayuda material a familias vulnerables.

La alimentación caritativa de la Iglesia en Cuba, entre crisis y coerción

Otros ejemplos de represión sobre líderes religiosos que han superado el rango devocional permitido por las instituciones y ganado mayor influencia en la comunidad, son el del padre Faustino Palomo Cabrera, de las Asambleas de Dios, cuyos feligreses en Abel Santamaría, Santiago de Cuba, fueron hostigados desde 2015 y su iglesia demolida cinco años más tarde, según explicaciones del Gobierno para dar espacio a líneas de tren, aunque esta fue la única construcción en el vecindario que terminó siendo destruida.

El año pasado, el pastor Elio Batista Gómez, líder de la iglesia Moradora de Sion en el poblado de Guareiras, Matanzas, denunció el acoso por parte de la Seguridad del Estado y autoridades locales mediante herramientas “administrativas”. En un documento oficial, la Dirección Provincial de Justicia le comunicaba que no estaba autorizado para realizar cultos ni ofrecer ayudas o donaciones en la comunidad. Según asiduos a la Casa Culto, el pueblo recibía visitas constantes de departamentos como Vivienda, Planificación Física, Higiene, Gobierno Provincial, PCC entre otros, buscando construir una causa penal por vías de “delito común”.

En adición a argumentos administrativos, el Código Penal en Cuba sanciona fuertemente operativos monetarios y de bienes al margen del sistema oficial, lo que restringe significativamente la ayuda independiente, sobre todo si debe ejecutar sus adquisiciones por “vía legal” y el cambio de moneda estatal, que hasta hace pocos meses representaba una pérdida significativa de la capacidad adquisitiva para este objetivo. Otros cabildeos comunes para asegurar ayudas y colaboración son tipificados como “fines imperialistas”, abriendo la puerta a criminalizar la cooperación con donantes extranjeros que no entreguen directamente al Estado. Otras acciones de impacto en el terreno han sido prohibidas bajo cargos de “desacato”, “propagación de epidemias” o “receptación”. Este último fue el caso aplicado contra el pastor Yasser Caraballo de Sancti Spíritus en el año 2020 como justificación para confiscar sus animales de granja.

Además del acoso con razones políticas, otro obstáculo importante para la obra alimentaria solidaria es la creciente crisis multifactorial en Cuba. Cuando la escasez vuelve los pocos recursos en baluartes de “defensa nacional” y las gestiones de alivio se politizan, la Iglesia encuentra mínimas posibilidades de gestionar de forma independiente los donativos que recibe de los cónclaves internacionales de los que forman parte. La ayuda independiente es observada así con recelo en un contexto, donde la inseguridad alimentaria erosiona la legitimidad estatal.

En suma, la Iglesia ha sobrevivido con una infraestructura reducida y bajo vigilancia; con una ayuda social limitada a márgenes estrechos, dentro de un control territorial y simbólico sobre cualquier tipo de figura u organización que destaque allende los márgenes del Estado. A pesar de ello, y conforme avanza la desesperanza asociada a períodos de crisis, se han ampliado nuevas comunidades evangélicas en numerosos barrios, sobre todo de bajos ingresos y populares, muchas veces en viviendas adaptadas, sin reconocimiento pleno. Sin embargo, la propia conformación de estas redes de ayuda parte de una condición de extrema vulnerabilidad, donde quedan continuamente expuestos a la politización de la ayuda comunitaria. Estas moratorias son, además, condicionadas. No todas las iglesias enfrentan el mismo nivel de presión o vulnerabilidad. Las denominaciones con relaciones institucionales más estables suelen negociar márgenes, mientras que las independientes o líderes críticos, a menudo en comunidades más necesitadas, experimentan mayor escrutinio y presión.

Food Monitor Program subraya que, las penalizaciones administrativas sobre congregaciones que llevan a cabo asistencia alimentaria en barrios periféricos del país desarticulan redes de apoyo y tienen un efecto inmediato en el bienestar de estas comunidades. Colateralmente, cada expropiación o clausura representa un mecanismo indirecto de restricción alimentaria para vecinos que no encuentran alternativas en el mismo Estado que los condena. En una Cuba marcada por envejecimiento acelerado, migración masiva y deterioro del poder adquisitivo, las redes religiosas llenan vacíos concretos. Alimentan, acompañan, distribuyen. Esa acción, que en otros contextos sería reconocida como complemento al Estado, en la isla se inserta en un peligro para el poder, desde cuya visión la obra local significa control de legitimidad y donde todo samaritanismo debe ser canalizado por las politizadas instituciones de la oficialidad.

En tiempos de inseguridad alimentaria como los que vive Cuba, deja mucho que desear el condicionamiento de la ayuda humanitaria y la reproducción de vulnerabilidades de un grupo poblacional cada vez más amplio. Que un gobierno elija el hambre por encima de compartir espacio social con otras iniciativas al margen de sus controles no es una política casual; representa la vulneración de los derechos a la alimentación y a la libertad religiosa. En términos distributivos, es inoperante y costoso que persista un monopolio estatal de la asistencia cuando los canales institucionales no tienen recursos organizativos ni logísticos para ello. El uso de la instrumentalización jurídica para criminalizar la caridad religiosa a pesar de la urgencia evidente muestra igualmente una falta de voluntad gubernamental para atajar humanamente la crisis que sufren los cubanos. Rebasados los límites de la supervivencia y la dignidad humana en el país, resta preguntarse: ¿puede la solidaridad existir fuera del control estatal en un sistema que identifica provisión social con autoridad política?

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=0HGqddtCGNQ

[2] https://puertasabiertasal.org/cristianos-perseguidos-noticias/crisis-alimentaria-afecta-a-comunidades-cristianas-en-cuba/

[3] https://puertasabiertasal.org/persecucion-de-cristianos/lista-mundial/cuba/

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