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Buscar leña en el monte, la prioridad de los niños cubanos en zonas rurales

30 de abril de 2026

Joaquín un adolescente de 16 años, de la región oriental de

Cuba, se levanta y lo primero que debe hacer no es ir a la escuela o estudiar; sino tener en su casa el combustible necesario para las labores del día.

Es ese su nuevo pasatiempo, uno marcado por el peligro, las ausencias a la escuela, la violación a las prerrogativas legales cubanas y mucho más. Desde el comienzo de la presente y prolongada crisis de apagones, la búsqueda de palos, leña troceada y pequeñas ramas constituyó para su pequeña familia la única garantía de cocción de los alimentos. En el hogar son tres, él, su mamá y su abuela.

 “No es fácil porque hay que caminar cantidad y tengo que pedir prestado el machete, y además cansa a uno. Tengo un vecino que me ayuda de vez en cuando pero no siempre está allí”.

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Joaquín debería continuar con sus estudios, pero carga con la responsabilidad de llevar combustible a su casa, a riesgo de no poder comer. Con el tiempo y la experiencia encontró en esta forma de supervivencia una manera de ganar dinero. Cada saco de leña se vende a 500 pesos, poco menos de un cuarto del salario mínimo en el país. Su familia, que apenas tiene ingresos, “malcome” muchas veces con lo que el adolescente es capaz de vender.

“Sí, es verdad que la leña se vende. Por ejemplo, si yo saco 2 sacos, con eso ya dejo uno para comer y otro para la casa. Pero uno camina y tiene que ir más lejos cada vez para buscar leña, por eso no puedo vender todo lo que recojo”.

Los lugares que más frecuenta son la orilla del río y los alrededores de las fincas, pero hay una característica en común: “la peligrosidad”. La leña, que ha sido saqueada en su mayoría con el paso de los meses y el incremento de la necesidad, se ha confinado casi exclusivamente a zonas escabrosas donde el terreno irregular añade una capa de riesgo a una tarea que de por sí, se realiza sin ningún tipo de material de protección.

“Una vez me corté en un pie y tuve que caminar un kilómetro aguantándome el sangrado con un pañito. Es verdad que es peligroso, pero yo no tengo miedo”.

Los lugares que más frecuenta son la orilla del río y los alrededores de las fincas, pero hay una característica en común: “la peligrosidad”. La leña, que ha sido saqueada en su mayoría con el paso de los meses y el incremento de la necesidad, se ha confinado casi exclusivamente a zonas escabrosas donde el terreno irregular añade una capa de riesgo a una tarea que de por sí, se realiza sin ningún tipo de material de protección.

“Una vez me corté en un pie y tuve que caminar un kilómetro aguantándome el sangrado con un pañito. Es verdad que es peligroso, pero yo no tengo miedo”.

La aplicación de políticas ineficientes en la gestión de la economía cubana ha dejado a su suerte a cientos de personas en las zonas rurales del país. En este sentido una de las tareas más extendidas ha sido precisamente la búsqueda de leña para cocinar los alimentos como primera tarea de subsistencia. Joaquinito, como lo llaman en casa, es una víctima más de la crisis multifactorial gestada por años.

El riesgo que supone esta actividad para la integridad física de menores es real y hay una capa extra que costaría explicar por completo pero que claramente está sobre la mesa y es el daño ambiental que ocasiona la tala indiscriminada. Como con toda actividad realizada en exceso y sin planeación sobre un ecosistema, el daño a mediano o largo plazo podría ser difícilmente reversible. De los árboles dependen también aves, insectos y animales. ¿Qué país nos quedará a los cubanos para vivir cuando hayamos acabado con toda su biodiversidad para sobrevivir?

Buscar leña en el monte, la prioridad de los niños cubanos en zonas rurales

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