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Cuando se acaban las opciones

27 de agosto de 2026

n medio de la desesperación que viven los cubanos en los 

momentos finales del régimen comunista, las prácticas de supervivencia se multiplican todos los días en las comunidades urbanas que han experimentado una transformación en los últimos meses, motivada por el uso indiscriminado de los recursos naturales. Resulta difícil de creer, pero en algunos lugares, especialmente los barrios marginales y vulnerables, los habitantes han debido llegar al punto de talar los arboles ornamentales o realizar demoliciones parciales de viviendas en mal estado, con el propósito de aprovisionarse de materiales combustibles para la cocción de los alimentos. Además de ello, resulta cada vez más recurrente la práctica de la recolección de alimentos desechados en la basura para ser reutilizado por las personas de más bajos recursos que no pueden agenciarse la alimentación diaria en condiciones mínimamente dignas.

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Un habitante de una de estas comunidades que mezclaba ingredientes propios con otros recolectados para hacer una caldosa, nos confiesa que para muchas personas esta es la única forma de supervivencia que ha quedado disponible en medio de la inflación galopante y la subida de todos los precios de la canasta básica en semanas recientes. Pidiendo protección para su identidad por miedo a la represión comentó que ya en estos momentos la población ha tocado fondo y todas las opciones para la resistencia prolongada se han agotado por la presión tan grande que las carencias ejercen sobre la familia cubana.

En varios puntos de desechos sólidos se pueden observar casi a toda hora personas que deben buscar alimentos en los contenedores de basura para saciar el hambre, son en su mayoría adultos mayores, impedidos físicos, personas con bajos ingresos y también individuos que padecen adicciones o se encuentran en una situación de vulnerabilidad sostenida.

La brecha en los ingresos de la población, que ha escalado de forma notable últimamente, ha creado un estrato socioeconómico que, ya sea porque recibe ayudas y divisas desde el extranjero o porque pertenecen a la casta “protegida” de los mipymeros enchufados al régimen, disponen de recursos suficientes como para permitirse el “lujo” de desechar alimentos que aún pueden ser reutilizables. Esto ha creado puntos de recolección mejores “surtidos” para aquellas personas que se han quedado sin opciones y no cuentan con redes de ayuda para sortear los obstáculos de la crisis. En barrios acomodados y cercanías de paladares o cafeterías, estos puntos de desechos de alimentos son frecuentados por los recolectores cuya mera supervivencia depende de las sobras de los “nuevos ricos”.

Cualquier cosa viene bien para estos vulnerables abandonados, desde una fruta en estado de descomposición hasta media hogaza de pan mohoso. El número de recolectores aumenta visiblemente mientras los medios oficiales esconden o romantizan esta cruda realidad. El vacío de estadísticas y la manipulación de cifras sobre la indigencia contribuye a que el fenómeno sea invisibilizado de manera institucional y al día de hoy las soluciones brillan por su ausencia.  

Lo verdaderamente lamentable es que la práctica de recolección de alimentos de desecho aumenta cada día y para una porción de la población es parte de su rutina diaria. Por muy surreal que parezca, en los basureros de las zonas más prósperas compiten por comida los humildes para los que supuestamente se hizo la revolución y no solamente entre ellos, sino incluso con animales callejeros como perros y gatos. El ministerio de salud ni siquiera toma en cuenta esta realidad como una vulneración de la salud pública y una posible vía de transmisión de infecciones y otras enfermedades por exposición a bacterias y microorganismos. No existe una vía oficial para denunciar este problema en las instituciones sanitarias y aun menos, recursos y voluntad política para solucionarlos. Cuando se acaban las opciones, en el estado socialista “de los trabajadores”, lo que espera al ciudadano desvalido es una pila de basura fétida donde precariamente se puede contener el hambre.

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